Vivo hace 14 años en este maravilloso país que es Chile. Y nunca dejo de sorprenderme cuando voy encontrando nuevas palabras, nuevas formas de referirse a las cosas o a las personas de maneras increíblemente ingeniosas, pícaras, pintorescas, gráficas...
Hace un tiempo, empecé a recopilar palabras en un conjunto que para estos efectos llamé "plumíferas". Y descubrí que hay un increíble glosario popular en Chile, relacionado con este "conjunto". No sé si será porque la cueca tiene su origen en la conquista del gallo a la gallina, pero revisemos algunos ejemplos, para que saques tus conclusiones:
- De partida, un hombre no es un tío, un tipo o un chaval, sino que es un Gallo.
- Como todo gallo, si tiene una trifulca o si necesita declarar una amenaza, no se refiere a "te voy a reventar", sino que muy seguro de sí, profiere un sonoro "te voy a sacar la cresta".
- Un gallo, por supuesto que no transpira, sino que tiene "olor a ala", y sabes por qué? ¡porque no se ha lavado "las presas"!
- Este gallo no va protestando, sino que anda cacareando. Y probablemente, si no "se halla" en algún sitio, debe ser porque se siente "Pollo en corral ajeno".
- Para rematarla, el pronombre por esencia para llamara un amigo, un cercano o cualquiera con el que hemos hablado por más de cinco minutos, hace referencia al origen de todo ser plumífero: HUEVON!!!!!
Para pensarlo...
Como una prueba de sonido, en el mundo digital, estoy probando cómo es esto de tener un blog, un espacio para hablar, pensar, dialogar y compartir inquietudes sobre la vida y la actualidad.
viernes, 14 de mayo de 2010
lunes, 26 de abril de 2010
frío
ya no me pierdo en la ventana mirando la tarde.
ya no levanto la frente buscando la brisa.
ya no huelo el verano insolente.
ya no siento los grillos de hace unos días.
ni el sabor de las uvas que se desgranan.
porque está volviendo el frío.
y la ventana está empañada.
y el viento helado de la tarde se cuela entre la lana.
y el otoño es hojas secas y el olor de las tostadas
y un perro ladrando a lo lejos.
y tal vez una sopa en la cama.
ya no levanto la frente buscando la brisa.
ya no huelo el verano insolente.
ya no siento los grillos de hace unos días.
ni el sabor de las uvas que se desgranan.
porque está volviendo el frío.
y la ventana está empañada.
y el viento helado de la tarde se cuela entre la lana.
y el otoño es hojas secas y el olor de las tostadas
y un perro ladrando a lo lejos.
y tal vez una sopa en la cama.
martes, 13 de abril de 2010
Preguntas lingüísticas
Como el status de Facebook cambia tan rápido, me quedé con ganas de dejar para la posteridad digital esa reflexión de hace unos días atrás.
Y es que si el femenino de actor es actriz, y de emperador es emperatriz...
- El femenino de cantor debería ser cantriz
- El de pintor, pintriz
- El de locutor locutriz...
y así, no?
Y es que si el femenino de actor es actriz, y de emperador es emperatriz...
- El femenino de cantor debería ser cantriz
- El de pintor, pintriz
- El de locutor locutriz...
y así, no?
jueves, 8 de abril de 2010
Perdón Veganos!
Tengo una suerte de contradicción interior.Los últimos años he visto crecer en gran manera una serie de iniciativas naturistas, vegetarianas, veganas, que surgen como alternativas más sanas de vivir y de comer, y que con ello, conllevan además un respeto y un reconocimiento por el reino animal.
Veo con qué pasión tantas personas toman esa bandera y la hacen flamear con energía y entrega en sus vidas. Y me parece respetable que así sea, pero me pregunto -he ahí la contradicción- por qué si son opciones de vida, muchas veces siento que la pasión de esos entusiastas a veces se transforma en totalitarismo, en la "unica" opción... no sé si me explico.
Lo curioso del caso, es que si yo me remito a mis más básicos instintos alimentarios, cuando yo pienso en comer, pienso en momentos, y generalmente los mejores momentos, esos que me dan más alegría interior por decirlo de algún modo, son aquellos que comparto con quienes quiero, con quienes me "alimentan" la vida... y siempre acompañados de todo lo no recomendable en términos dietarios, por ejemplo:
- Un viernes por la noche, ver una película en familia, está asociado indefectiblemente a unos completos (o panchos) -idealmente con ketchup, mayonesa, mostaza, tabasco- o unas pizzas con masa crocante y queso chorreante, por supuesto con una bebida gaseosa, y ojalá palomitas.
- Con mi mujer, comernos un chocolate antes de acostarnos es, un placer casi comparable con hacer el amor (nunca un sustituto!)
- Una reunión con amigos o familiares puede tener muchas versiones, pero convengamos que en estos lados del urbe, la versión más cercana a la perfección es el asadito, en cualquiera de sus variedades (chancho, chivo, pollo, pescado, vacuno...) El asado debería ser la octava maravilla del mundo. No por nada el inolvidable Fontanarrosa definía el paraíso en "Cielo de los Argentinos" como un asadito con los amigos, y el partido está por comenzar en la tele.
- Y las empanaditas? qué sería de nosotros los hispoanoablantes si no existieran las empanaditas? Con carne molida, o picada, suave o picante, con huevo, hasta con pasas o con papas. Empanadas en cualquiera de sus versiones.
- Cuando viajo, y estoy en un hotel de esos que tienen desayunos monumentales, no puedo sustraerme al placer de comer unos huevos revueltos con tocino, todos los días que pueda.
- Capítulo aparte, lo confieso, es la comida rápida. Creo que hay pocos momentos tan placenteros en la ajetreada vida de una gran ciudad, como cuando uno entra a uno de esos locales, y muerto de hambre pide esa doble hamburguesa con tocino, doble queso, una coca regular, y papas fritas (con el combo agrandado) y se sienta a disfrutar con la vista perdida absorbiendo toda esa masa de hidratos de carbono que tanto se parecen a un pedazo de cielo.
- Y en este mundo gastronómico, cómo olvidarnos de las fuentes suizas, alemanas, sangucherías, carritos a la salida del estadio, snacks, cocinerías... en fin, todo lo que se dice boliche en el tradicional sentido de la palabra.
Debo ser un troglodita, y posiblemente esta declaración implique de manera instantánea un rechazo por parte de cualquier organización con gente decente que pelea contra la obesidad y la crueldad animal.
Pero ojo, yo no estoy hablando de vivir comiendo, sino que creo que no pasa nada si comemos de manera equilibrada cualquiera de estos menús, sobretodo por los momentos que significan estas comidas.
Tampoco pretendo atacar ni desmerecer la opción de vida de quienes eligen no comer nada de esto.
Yo sólo pido, déjenme comer. Déjenme elegir. Son mis mejores momentos!
lunes, 22 de marzo de 2010
Búsqueda esencial
Ayer mi hijo de seis años jugaba con sus Lego. Dentro de su maravilloso mundo de fantasía, construyó un "barco-canoa" pirata. Me encantó, porque no lo hizo siguiendo el patrón o el manual de instrucciones, sino que lo hizo como mejor le pareció a él.
Mientras me lo mostraba, descubrí que el mástil está sostenido por una pieza que tiene el dibujo como de un mapa del tesoro. Entonces se lo comenté. Él, como si fuera un filósofo griego me respondió:
- Claro, este pirata recorre muchos mundos buscando el mapa del tesoro. Él no se da cuenta que el mapa está en su barco, y siempre lo ha tenido.
Me quedé mirando su barco un rato largo. Recordando tantos libros, películas e historias, plasmadas en un barquito hecho con piezas de Lego... No pude sino reírme ante tanta sabiduría, y pensar en cómo hacemos para desaprenderla con los años.
martes, 9 de marzo de 2010
¿Qué valores "plasma" nuestra sociedad?
Desde que el terremoto llego a nuestras vidas, ha ido removiendo diversas estructuras, unas más visibles que otras. No quiero repetirme, ni seguir dándole vueltas a todo lo que se habla en todos lados.
Sólo me detengo a reflexionar, sobre un hecho que quisiera definir como insólito.
Es inevitable a estas alturas, que cualquier conversación entre dos personas que vivan desde la V Región hacia abajo en Chile, en algún momento se refiera a "cómo viviste/dónde estabas/qué hiciste/con quién estabas durante el terremoto".
Podríamos decir que es ya un tópico común.
Lo insólito o lo novedoso del caso, al menos para mí, es que dentro de las múltiples situaciones que he escuchado de distintas personas, una reacción recurrente al momento de sentir que el mundo se movía, fue (parafraseando la respeusta): "Yo lo único que hice fue quedarme esperando, mientras sostenía el plasma"
Parece gracioso. Parece casual. Pero cuando tantas personas responden de manera inmediata y sin pensarlo con ese tipo de reacción, es inevitable que concluya pensando que el plasma es probablemente, lo más valioso en las vidas de estas personas.
Aparentemente, es una pertenencia cuyo resguardo bien merece resistir en pie un cataclismo de proporciones. Y es la más importante. O sea, me atrevería a pensar que cientos o miles de personas prefirieron quedarse sosteniendo con fuerza su televisor de pantalla plana de no sé cuántas pulgadas, en lugar de salir a buscar hijos, o de abrazar parejas, o de salir corriendo, o... lo dejo a criterio de tu lista de prioridades en la vida, querido lector.
Evidentemente en momentos como esos, todos sabemos que uno reacciona con los instintos más básicos, echando mano a lo primero que identificamos como lo esencial, lo que no podemos permitirnos perder, olvidar, o dejar atrás. Miles de personas, prefirieron cuidar su Plasma. Por eso me pregunto hoy en un estúpido juego de palabras, sobre los valores que nuestra sociedad plasma...
Sólo me detengo a reflexionar, sobre un hecho que quisiera definir como insólito.
Es inevitable a estas alturas, que cualquier conversación entre dos personas que vivan desde la V Región hacia abajo en Chile, en algún momento se refiera a "cómo viviste/dónde estabas/qué hiciste/con quién estabas durante el terremoto".
Podríamos decir que es ya un tópico común.
Lo insólito o lo novedoso del caso, al menos para mí, es que dentro de las múltiples situaciones que he escuchado de distintas personas, una reacción recurrente al momento de sentir que el mundo se movía, fue (parafraseando la respeusta): "Yo lo único que hice fue quedarme esperando, mientras sostenía el plasma"
Parece gracioso. Parece casual. Pero cuando tantas personas responden de manera inmediata y sin pensarlo con ese tipo de reacción, es inevitable que concluya pensando que el plasma es probablemente, lo más valioso en las vidas de estas personas.
Aparentemente, es una pertenencia cuyo resguardo bien merece resistir en pie un cataclismo de proporciones. Y es la más importante. O sea, me atrevería a pensar que cientos o miles de personas prefirieron quedarse sosteniendo con fuerza su televisor de pantalla plana de no sé cuántas pulgadas, en lugar de salir a buscar hijos, o de abrazar parejas, o de salir corriendo, o... lo dejo a criterio de tu lista de prioridades en la vida, querido lector.
Evidentemente en momentos como esos, todos sabemos que uno reacciona con los instintos más básicos, echando mano a lo primero que identificamos como lo esencial, lo que no podemos permitirnos perder, olvidar, o dejar atrás. Miles de personas, prefirieron cuidar su Plasma. Por eso me pregunto hoy en un estúpido juego de palabras, sobre los valores que nuestra sociedad plasma...
lunes, 1 de marzo de 2010
¿nada que lamentar?
Sería un desalmado si me sintiera una víctima de los últimos acontecimientos de mi querido Chile. Gracias a Dios, lo más cerca del caos y la destrucción que estuve, es la escena que ilustra este posteo: Mi escritorio, que no está mucho más desordenado que cualquier día de ajetreo normal en la oficina, tal vez un par de pedazos de pared encima de la bandeja de los pendientes y una que otra grieta en el muro.
Mi familia y yo, nada. Ni un rasguño. Un par de tazas rotas. Y unas copas. Nada más. Sí el miedo de sentir que nada de lo que hagamos en esos momentos, realmente tendrá un efecto cuando ves la fuerza de la naturaleza, mostrar un pedacito pequeño de su magnitud real.
Nos hemos sentido afortunados, bendecidos, por haber podido transitar en estos días sin nada que lamentar.
Pasado el miedo inicial, y empezando a tomar conciencia de los alcances de lo sucedido, empezamos a mirar alrededor, y ver dolor, pérdida, incertidumbre, destrucción, muerte, pero también esperanza, optimismo, solidaridad, esfuerzo, resignación, cariño.
Es notable cómo frente a las situaciones límite, sale la esencia de cómo realmente somos. Hay héroes que viven entre nosotros y que son capaces de hacer lo imposible. Hay ángeles que cubren con su calidez. Hay soldados obedientes y prestos al llamado de ayudar. Hay amigos que vencen cualquier limitación para hacer llegar su mensaje de apoyo. Hay familias enteras que se reencuentran, y otras que nacen. Es una tremenda oportunidad para sacar lo mejor de nosotros. Lo mejor de un país.
Y porque he visto lo mejor, también me duele tanto, y me da vergüenza, ver esas masas informes de personas que aprovechan la menor oportunidad para revolcarse en la mugre de la barbarie, bajo el pretexto de tener hambre y sed. No importa cuánto pueda crecer un país. No importa cuánta infraestructura, cuántos planes sociales, cuánto empleo, cuánto producto interno bruto. Inevitablemente, hay una porción de la sociedad, que todavía no termina de asimilar lo que es precisamente vivir en una sociedad. Ante la mínima chance, reaparece ese animal embrutecido y sin valores, que no es capaz de distinguir lo que está bien de lo que está mal, que sonríe a una cámara que transmite en vivo y en directo su crimen, a un mundo que mira azorado.
¿Qué se hace con eso? O con esos.
Mi familia y yo, nada. Ni un rasguño. Un par de tazas rotas. Y unas copas. Nada más. Sí el miedo de sentir que nada de lo que hagamos en esos momentos, realmente tendrá un efecto cuando ves la fuerza de la naturaleza, mostrar un pedacito pequeño de su magnitud real.
Nos hemos sentido afortunados, bendecidos, por haber podido transitar en estos días sin nada que lamentar.
Pasado el miedo inicial, y empezando a tomar conciencia de los alcances de lo sucedido, empezamos a mirar alrededor, y ver dolor, pérdida, incertidumbre, destrucción, muerte, pero también esperanza, optimismo, solidaridad, esfuerzo, resignación, cariño.
Es notable cómo frente a las situaciones límite, sale la esencia de cómo realmente somos. Hay héroes que viven entre nosotros y que son capaces de hacer lo imposible. Hay ángeles que cubren con su calidez. Hay soldados obedientes y prestos al llamado de ayudar. Hay amigos que vencen cualquier limitación para hacer llegar su mensaje de apoyo. Hay familias enteras que se reencuentran, y otras que nacen. Es una tremenda oportunidad para sacar lo mejor de nosotros. Lo mejor de un país.
Y porque he visto lo mejor, también me duele tanto, y me da vergüenza, ver esas masas informes de personas que aprovechan la menor oportunidad para revolcarse en la mugre de la barbarie, bajo el pretexto de tener hambre y sed. No importa cuánto pueda crecer un país. No importa cuánta infraestructura, cuántos planes sociales, cuánto empleo, cuánto producto interno bruto. Inevitablemente, hay una porción de la sociedad, que todavía no termina de asimilar lo que es precisamente vivir en una sociedad. Ante la mínima chance, reaparece ese animal embrutecido y sin valores, que no es capaz de distinguir lo que está bien de lo que está mal, que sonríe a una cámara que transmite en vivo y en directo su crimen, a un mundo que mira azorado.
¿Qué se hace con eso? O con esos.
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