martes, 18 de enero de 2011

ciudadano promedio cruzando la calle.

las noticias muestran ciudadanos promedio en distintas fechas que sufren accidentes cruzando las calles. Los vemos a diario, con su trotecito de tres pasos, que a duras penas les da para llegar a la mitad, y despues el paso ligerito para llegar al otro lado. Muchas veces gorditos. Muchas veces con niños. Siempre por la mitad de la calle. Siempre saltando la cerca prohibida, ignorando el paso de cebra, el cartel de advertencia, el semáforo peatonal, los carabineros, las sanas costumbres y cualquier intento de institucionalidad civilizadora que pueda ser ignorada, evadida, omitida. Total, es un segundo nomás, a mí qué me va a pasar.

lunes, 17 de enero de 2011

los días y nosotros

Ni me di cuenta y ya casi estoy en los últimos días de enero de 2011. En qué momento se me acabó el año? Digo, el 2010. 
No sé si fue cuando dejé para unos días después, lo que pensaba escribir en mi blog. O habrá sido entre esa llamada a un amigo que no alcancé a hacer porque tenía una reunión de trabajo y el mail que se quedó en el borrador en blanco, sólo con el nombre de papá en el encabezado. 
Sólo cinco minutos para pensar. Sólo cinco a la semana. Ese es mi propósito 2011, antes que se acabe el mes para hacer planes y buenas intenciones. Un posteíto de nada cada semana, como para sentir que además del trabajo y la familia, también hay tiempo para seguir 1,2,3 probando. 

martes, 21 de diciembre de 2010

Angry Birds: ¿Jugando a ser terroristas?


OK, me dejé llevar por la moda de Angry Birds. Anoche estaba a la 1 de la mañana, gastando las últimas energías de la batería de mi celular, sentado en el baño,  y con las piernas acalambradas, pero no me podía levantar. Tenía que pasar ese nivel, y cada pajarraco reventado sin lograrlo era una más, y una más.

Estaba a punto de enojarme y miré las plumas volar, y pensé en cómo inmolaba los pajaritos, tratando de derribar las fortalezas de los cerdos, que sonreían impunes ante mis malogrados intentos.

De pronto, una suerte de epifanía o de iluminación me mostró una nueva dimensión de este famoso jueguito. Millones de personas en el mundo estamos inmolando pajaritos como quien inmola terroristas para derribar torres gemelas!!!! 

Me costó  admitirlo porque por principio rechazo cualquier forma de violencia, pero en el fondo es la misma situación. El pobre pajarito inocente que entregando su vida por una causa mayor, logrará vengar a los suyos de esos cerdos capitalistas que se resguardan en sus rascacielos fortificados. ¿Eso en sicología no se llama proyección? 


miércoles, 1 de diciembre de 2010

Temporada de Cerezas

Siempre que llega diciembre, vuelvo a pensar en las cerezas. Hay quienes prefieren las frutillas, los berries de cualquier tipo, o los duraznos. A mi me gustan las cerezas.
Debe ser porque son un flashback a mi infancia en un barrio que terminaba en una finca llena de cerezos. Finca inevitablemente asaltada año tras año, generación tras generación de vecinillos ávidos de ese sabor que teñía de rojo las carcajadas agitadas. Carcajadas que escapaban furtivamente como furtivamente habían escapado de algún escopetazo al aire. Siempre un cuidador perro del hortelano, de esos que no comen ni quieren dejar comer.
Hoy la finca ya no está. Está por supuesto el infaltable mall a cielo abierto, con cientos de vistosos negocios y tiendas para todos los gustos. Las calles pavimentadas. Y guardias pero que no disparan al aire. No disparan. Seguros de la civilidad de las miles de familias que recorren los negocios los fines de semana. Y que por supuesto, no roban cerezas como lo hice yo con mis amigos. Pero esa es otra historia anestesiada.
Por eso me gustan las cerezas, y como alguien me dijo por ahí, mejor si son maduras. Y robadas.



viernes, 26 de noviembre de 2010

1º de desviación

Pasa sin darte cuenta. Crees que es un pequeño desvío y que pronto estarás encaminado en la ruta original. Sin embargo ese pequeño grado de desviación, finalmente termina alejándote de forma total, y todavía no sé si definitiva, del camino inicial.
No termino de entender en qué momento pasa. No podría afirmar que es inevitable. Sólo sé que siempre que creo tener mis rutas y mis procesos medianamente encaminados, en un momento todo se trastoca nuevamente y no entiendo cómo llegué donde llegué.
Es cierto que el proceso me hace crecer. Simplemente me pregunto si esto será finalmente de lo que se trata vivir. Proponer caminos, para terminar en rutas insospechadas una y otra y otra vez.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Santiago en 100 palabras

Lo logró después de varios años. Había ahorrado peso a peso para cumplir ese sueño maravilloso que lo elevaría de peatón, a la envidiable categoría de automovilista.
La concesionaria estaba en Bilbao. Caminó ansioso desde la línea 4 del metro, hasta la iluminada vitrina que exhibía ilusiones último modelo en vistosos colores de movilidad social.
Hizo todo rápido, asegurándose que nadie le quitara ese anhelo azul eléctrico que arrancó a la primera, en un ronroneo vibrante.
Era feliz.
Salió al atardecer. Ocupó el último metro cuadrado disponible de pavimento santiaguino. Y su cero kilómetro quedó  varado, cero kilómetro para siempre.  

martes, 2 de noviembre de 2010

Todos amamos a las chinitas.

Esta mañana fui a cargar combustible a mi moto. Como pagué con tarjeta de crédito, el señor bombero, (brazo lleno de tatuajes, pelo medio largo, cara de metalero de fin de semana), me extendío esa botonera para poner claves, pin pass y esas cosas.

Sobre el teclado, oronda, caminaba una chinita (mariquita, vaquita de San Antonio). Y a pesar de que ya se me hacía tarde, me tomé el tiempo para  evitar molestarla, mientras oprimía las teclas respectivas, esperando que el bichito se corriera de las teclas que tenía que apretar.

Mi sorpresa mayor, fue cuando le devolví el teclado al bombero de ceño fruncido, porque se quedó mirando y me vio a mi como diciendo, esperemos que se corra de los botones. Como ello no ocurría, terminó soplando muy sutilmente, de forma delicada, diría yo, hasta que al final se fue volando muy tranquila hasta algún otro lugar. 

Me subí a la moto sonriendo, y pensando que si hubiera sido una hormiga, una mosca, una oruga, o una araña, el bombero y yo la hubiéramos pulverizado sin miramientos. En cambio a una chinita, era inimaginable hacerle nada.

¿A vos te pasa lo mismo? ¿Será que todos amamos las chinitas?