Como una prueba de sonido, en el mundo digital, estoy probando cómo es esto de tener un blog, un espacio para hablar, pensar, dialogar y compartir inquietudes sobre la vida y la actualidad.
viernes, 27 de agosto de 2010
jueves, 26 de agosto de 2010
ludopatía en cuotas
Lo pensé mientras escribía un mail.
después de todo, esto de trabajar y trabajar y trabajar, no es también una forma de apostar la vida? Porque criticamos al pobre infeliz que se jugó todo en el casino, a los dados o en los burros, pero también están los que se pasan la vida apostándole a pasarse catorce horas al día en un laburo y que también los termina dejando sin nada: sin tiempo, sin familia, sin amigos, sin razones, sin excusas para no mirarse un rato y darse cuenta que pusieron todas sus fichas a un juego más, que es sólo eso. Un juego.
después de todo, esto de trabajar y trabajar y trabajar, no es también una forma de apostar la vida? Porque criticamos al pobre infeliz que se jugó todo en el casino, a los dados o en los burros, pero también están los que se pasan la vida apostándole a pasarse catorce horas al día en un laburo y que también los termina dejando sin nada: sin tiempo, sin familia, sin amigos, sin razones, sin excusas para no mirarse un rato y darse cuenta que pusieron todas sus fichas a un juego más, que es sólo eso. Un juego.
martes, 24 de agosto de 2010
física cuántica barata
Hace tiempo escuché que lo de la física cuántica tenía que ver con la multicausalidad, y cómo eso afectaba directamente las dimensiones de la realidad que la física tradicional entendía cómo inamovibles.
Curiosamente algo tan difícil de entender desde mi limitadísima comprensión, se hizo patente esta mañana, cuando estaba atrapado en el medio de un taco santiaguino. En ese instante entendí cómo las dimensiones del tiempo y el espacio son tan relativas.
En un ejemplo concreto, a las 3 de la tarde de un día domingo, puedo recorrer el trayecto que hay entre Una calle y otra, en aproximadamente 30 segundos. Podría inferirse desde la física tradicional que para que un punto x llegue a punto y, transcurre un tiempo z. y que siempre debería transcurrir el mismo tiempo z. Pues no. Las calles de Santiago albergan la respuesta a una pregunta que hasta hoy, para mí era incomprensible. El tiempo z es relativo. A las 8 de la mañana, recorrer la misma distancia entre el punto x y el punto y, puede tomar quince minutos. Una demostración clara que el tiempo y el espacio son algo relativo...
Curiosamente algo tan difícil de entender desde mi limitadísima comprensión, se hizo patente esta mañana, cuando estaba atrapado en el medio de un taco santiaguino. En ese instante entendí cómo las dimensiones del tiempo y el espacio son tan relativas.
En un ejemplo concreto, a las 3 de la tarde de un día domingo, puedo recorrer el trayecto que hay entre Una calle y otra, en aproximadamente 30 segundos. Podría inferirse desde la física tradicional que para que un punto x llegue a punto y, transcurre un tiempo z. y que siempre debería transcurrir el mismo tiempo z. Pues no. Las calles de Santiago albergan la respuesta a una pregunta que hasta hoy, para mí era incomprensible. El tiempo z es relativo. A las 8 de la mañana, recorrer la misma distancia entre el punto x y el punto y, puede tomar quince minutos. Una demostración clara que el tiempo y el espacio son algo relativo...
domingo, 22 de agosto de 2010
viernes, 13 de agosto de 2010
A propósito de los refutadores de leyendas, Toy Story Tres y el olor de mi hija Juana
El genial Alejandro Dolina, hablaba en las Crónicas del Angel Gris de Flores, de los Refutadores de Leyendas. Siempre me apasionó ese relato, porque me identificaba más con los Hombres Sensibles, que con aquellos aguafiestas de la ilusión, que todo lo llevan a un silogismo, o una fórmula de excel.
Lo traigo a colación, porque días atrás leí una nota en un suplemento de tendencias de un diario chileno, que explicaba por medio de una teoría sicológica "¿por qué los hombres lloran cuando ven toy story III?" Y Yo, que me jacto de ser uno de ellos que incluso hipó y sollozó en el momento de mayor clímax emocional de la película, me enfrenté a una racionalización profesional que me trataba de explicar que en realidad ese llanto había sido "una proyección de todo lo que en realidad me había tocado abandonar durante mi proceso de maduración e ingreso a la vida adulta". ¿Cómo le digo al periodista o al sicólogo que teorizó, que en realidad me encantó la historia y todo el romanticismo de los juguetes y la lealtad y que en realidad me importa muy poco racionalizar sobre mi adolescencia cuando veo una película. Me gusta el cine porque me gusta sentir, me gusta sentir porque me recuerda que soy un ser humano. Todas las explicaciones que pueda hacer la sicología al respecto me parecen innecesarias, al menos para la emoción que me generó ver esa película.
Lo mismo me pasa con mi hija Juana, y con cualquiera de mis otros hijos. Pero me refiero específicamente a Juana que es bebé, porque cuando me acerco y siento su olor, me surge una sensación de paz y bienestar, que yo llamo amor. Amor de papá. Amor infinito de esos que lo más parecido a una explicación es que nos infla el pecho y no nos deja respirar bien, porque no alcanzan las palabras para describirlo. Eso que yo llamo amor, según los científicos, se debe a unas secreciones cerebrales que se llaman endorfinas y que generan una sensación de pacificación y no sé qué vainas más... A eso me refiero. Es amor. Todo lo demás, para qué me interesa?
Me gusta sentir, me gusta emocionarme, me gusta saber que soy más que una máquina que funciona por estímulos químicos, físicos o sicológicos. Me gusta ser humano. Gracias Dolina, por enseñarme que puedo ser parte de una gigantesca organización, que tal vez fundara Manuel Mandeb, o algún filósofo griego; la de los hombres sensibles.
viernes, 30 de julio de 2010
mirando fotos
Fue hace unos días atrás. Me puse a ordenar las carpetas de la compu, y en eso aparecieron de repente, año a año, tantas fotos del pasado. del reciente y del no tanto.
Con Juli nos quedamos pegados mirándolas, riéndonos, recordando tantos momentos, historias, experiencias. Dice un cantante que no hay tiempo peor perdido que el tiempo perdido en añorar. Puede ser, pero esto no era añorar, era mirar y revivir por un momento los momentos. Y de paso, dos lecciones que son aplicables 100% en el presente, con lo cual, valió la pena el ejercicio.
1) No importa lo grandes que creas que están tus hijos hoy. Mañana, cuando mires las fotos que tomaste hace un rato, te vas a sorprender, y vas a sentir que no, que seguían siendo unos mocosos.
2) No importa lo gorda o gordo que creas que estás hoy. No importa lo vieja o viejo que creas que estás hoy. No importa lo bien que te sientas con ese corte de pelo hoy. Mañana, cuando mires esas fotos, te vas a dar cuenta que estabas genial, que eras un/a pibe/a, y que tenías un gato en la cabeza!
En síntesis:
1- Tus hijos siguen siempre serán niños.
2- Hoy estás mejor de lo que crees, salvo por el desastre que te hiciste en la cabeza...
Con Juli nos quedamos pegados mirándolas, riéndonos, recordando tantos momentos, historias, experiencias. Dice un cantante que no hay tiempo peor perdido que el tiempo perdido en añorar. Puede ser, pero esto no era añorar, era mirar y revivir por un momento los momentos. Y de paso, dos lecciones que son aplicables 100% en el presente, con lo cual, valió la pena el ejercicio.
1) No importa lo grandes que creas que están tus hijos hoy. Mañana, cuando mires las fotos que tomaste hace un rato, te vas a sorprender, y vas a sentir que no, que seguían siendo unos mocosos.
2) No importa lo gorda o gordo que creas que estás hoy. No importa lo vieja o viejo que creas que estás hoy. No importa lo bien que te sientas con ese corte de pelo hoy. Mañana, cuando mires esas fotos, te vas a dar cuenta que estabas genial, que eras un/a pibe/a, y que tenías un gato en la cabeza!
En síntesis:
1- Tus hijos siguen siempre serán niños.
2- Hoy estás mejor de lo que crees, salvo por el desastre que te hiciste en la cabeza...
lunes, 26 de julio de 2010
Alienado.
Estaba tratando de entender por qué cada vez que termino un día, me quedo con la sensación de que no terminé de hacer todo lo que tenía que hacer. O por qué de repente me estreso de sólo mirar un texto largo, al que seguramente leeré por encima, en dos o tres párrafos, tratando de adivinar el resto de la información. Y marcarlo como favorito en un browser que seguirá acumulando día a día cada vez más urls sin sentido.
Entonces pensé, solo por enumerar algunas posibles razone adicionales a las prioridades de la familia y el trabajo en sí, en qué cosas podrían estar ocupando mi tiempo. Llegué a las siguientes conclusiones:
- Tengo cuatro cuentas de correo electrónico, que chequeo de manera compulsiva y permanente los 7 días de la semana. Cada una con su respectiva dosis de mails de trabajo, personales, de trabajo personal, de la universidad y de todo lo demás.
- Diariamente me llegan a alguna de esas cuentas los titulares de cinco diarios de cinco países diferentes y las actualizaciones de sus respectivas secciones, todos con información relevante, además de los flashes informativos de última hora.
- Recibo además actualizaciones de otra decena de blogs, newsletters y boletines especiales. Algunos diarios, otros semanales, otros mensuales. Unos hablan de publicidad/marketing/branding, otros de tendencias, otros de cine, de libros, de teatro, de cultura, de viajes.
- Tengo por supuesto la consabida cuenta en facebook con cientos de contactos (no digamos amigos), entre ex-compañeros, ex-colegas, ex-alumnos, ex-personas-que-alguna-vez-tuve-cerca-mío. Trato de tenerla actualizada, digamos postear diariamente alguna tontera, saludar a los que están de cumpleaños.
- Además de eso, también tengo una cuenta en linkedin, small world, flickr, youtube y como no podía ser de otra manera, la cuenta de Twitter.
Si me pongo a revisar, es virtualmente imposible poder revisar de manera profunda y detallada, la totalidad de contenidos que implica esta cantidad de fuentes de información. Totalmente imposible. Creo que no podría cabalmente llegar a revisar ni la mitad.
Pero si me alejo de eso, si no reviso nada, es una sensación de vacío, de que me estoy perdiendo de algo. Eso es lo que me hace querer salir corriendo a buscar la pantalla más cercana, para tranquilizar esta conciencia que salta de tarea en tarea, de página en página sin terminar tal vez el proceso sináptico de aprehender donde estoy realmente parado. Dónde estoy pensando. En qué estoy pensando, si es que se puede decir que estoy pensando. ¿No te pasa a veces?
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